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TARDE DE AGOSTO por Hendrix (Relato erótico Nº38)

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on septiembre 18, 2009 by bodydulce

Este es un texto que concursa en “Relatos eróticos breves”. Si quieren participar, aquí tienen las bases. Y si desean ver todos los relatos que concursan, solo tienen que hacer click en la categoría “Concurso de relatos eróticos” que se encuentra en la banda de la derecha, en el apartado “Categorías”.

TARDE DE AGOSTO

Todo el mundo se había ido de vacaciones, la ciudad anochecía casi desierta, me disponía a salir a la calle para ir a cenar con mi novia en un elegante restaurante que acababan de abrir. Estaba atándome los zapatos, cuando una luz al otro lado del patio retuvo mi atención, vi una sombra recorriendo la pared, hasta que se detuvo frente a la ventana. Era ella, la conocía, conocía sus ojos, su larga melena negra, era una chica muy especial, la semana anterior captó mi atención en la calle, pero no sabía quien era, me sorprendió que viviera tan cerca de mi. Corrió la cortina y comenzó a desnudarse, apagué la luz para que no me viera y estuve un rato contemplándola, me sentí a medio camino entre un espía y una maruja cotilla. Apenas podía verla, pero reconocía su silueta por detrás de aquella molesta cortina. El silencio era abrumador, excepto por el latido ensordecedor de mi corazón. De pronto dejé de verla y el sonido de una ducha alivió aquel silencio. Empecé a fantasear con ella, casi a desearla…  pero ¿qué estaba haciendo?  ¿qué hacía espiándola? era muy tarde debía marcharme, de repente el silenció inundo otra vez aquel patio y no pude evitar volver a mirar. Entró en la habitación se acercó a la ventana, corrió la cortina y miró hacia el patio como si se sintiera observada. Iba cubierta con una toalla blanca mientras se secaba el pelo con otra. Yo la observaba a oscuras. De pronto mi móvil comenzó a sonar, intenté apagarlo pero estaba demasiado nerviosa, era mi novia, cogí el teléfono y sofocada contesté:

– ¿Sí?

– ¿Qué pasa Raquel, estás bien?

– Sí, sí… ahora voy

– Estaba empezando a preocuparme por que no venías, ¿dónde estás?

– Tranquila, aún estoy en casa enseguida voy.

– Date prisa por que esto se está llenando de gente y no tenemos reserva.

– Sí, sí ya voy…

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DATE LA VUELTA por Juan Carlos (Relato erótico Nº37)

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on septiembre 18, 2009 by bodydulce

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DATE LA VUELTA
Echada de costado, bajo el tenue resplandor rojizo, miraba curiosa con un ansioso brillo en las pupilas. Sus movimientos no vacilantes como aprendidos de memoria, ocasionaban miles de interrogantes que lejos de causarle celos, incrementaba el impulso de continuar.

Dejó el sachet  bajo la lámpara, refregó sus manos esparciendo el gel, luego lo untó hasta creer que era suficiente. Cuando pareció terminar no encontraba el modo de dar el siguiente paso, se quedó inmóvil, Cinthya también, aunque bajo la sábana se frotaba suavemente el pubis. No reacciono hasta sentir una fría brisa que entro por la ventana –Date la vuelta. –Ella se mordió el labio, giró a la izquierda. Vio su espectral reflejo en la pared, un conjunto de líneas rojas y sombras pronunciadas, una siniestra mano posándose en su cadera, ascendiendo hacia los senos, regresando a las piernas despojándola de la sabana.

Le había anticipado la idea unas semanas atrás, en el cuarto de su hermano cuando ambos faltaron a clases y se ocuparon en hacerlo por cada rincón de su casa. El sol se filtraba por las cortinas, ambos sudaban. Abierta sobre la cómoda recibía su cuerpo, lo apretaba hacia sí, se besaban con ansias animales lejos de la realidad. Segundos antes de terminar pero sintiendo afluir el orgasmo sale de ella con prisa, todo se chorreó encima, Cinthya con la cabeza de lado, cerrando los ojos, respirando por la boca, percibía el liquido tibio y espeso escurrirse en su piel, sus brazos débiles se recostaban en el estante y el monitor de la PC.

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JOLLY ROGER por Max (Relato erótico Nº36)

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on septiembre 18, 2009 by bodydulce

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JOLLY ROGER

El rumor de las olas rompiendo contra el acantilado era la música que acompañaba sus sueños. Por la ventana  entreabierta, una leve brisa
acariciaba su cuerpo tendido sobre el lecho en el que reposaba su soledad. Allí donde día tras día ahogaba velados deseos, brasas candentes pidiendo ser apagadas, mil ilusiones y palabras de amor revoloteando confusas alrededor de su consciencia.  Y se retorcía de placer amándose entre la suavidad de las sábanas, y gozaba fugazmente, y lloraba después con amargura, porque no eran otras manos las que le aliviaban, porque sus labios se secaban al besar el aire, porque sus pechos suplicaban caricias, y su  sexo el calor de la noche.
Entre la abertura que dejaban los visillos del ventanal, nunca se percató de la silenciosa sombra masculina que día tras día  la observaba durante horas, cautivados sus oídos con los delicados suspiros que profería, y que a él se le antojaban ardientes plegarias. Esa noche quiso mirarla más de cerca, escuchar su respiración, disfrutar de la hermosura de ese cuerpo desnudo, esos muslos torneados, esos pechos relajados, turgentes, que la claridad de la luna  mostraba en todo su esplendor. Con sigilo, se introdujo en la alcoba, a escasos metros de ella; clavó la mirada en sus cabellos,  y no pudo reprimir la apremiante necesidad de acariciarlos. Al hacerlo, ella de pronto despertó alarmada, sin apenas tiempo para reaccionar. Con la agilidad vertiginosa de un felino, la sombra se abalanzó sobre su presa tapándole la boca con delicadeza para evitar que gritara. Asombrada aún, notó sin embargo que no corría ningún peligro, ignoraba el motivo, pero de alguna manera, presentía que se iba a ver envuelta en algo muy intenso, impensable. Una voz interior le animaba a vencer el miedo,  relajar sus músculos, y dejarse llevar por la fuerte atracción que incomprensiblemente le producía la situación. A continuación, el intruso le vendó los ojos, la tomó en brazos tras envolverla en la sábana, y se la llevó consigo  en dirección al acantilado, desapareciendo ambos a través de una espesa bruma  que súbitamente lo envolvió todo. Aunque el pañuelo negro que tapaba sus ojos le impedía saber el lugar en el que se encontraba, su olfato podía percibir un intenso olor a madera enmohecida, e instantes después, notó como la depositaba delicadamente sobre una mullida cama. Su corazón palpitaba desbocado, deseaba fervientemente que ese hombre desconocido la poseyera, la dominara a su antojo hasta convertirla en su juguete. Por eso no opuso resistencia alguna cuando ató sus muñecas a la cabecera de la cama, ni tampoco cuando separó bruscamente sus muslos y palpó  el húmedo ardor de su vagina, no pudiendo evitar que un ahogado gemido escapara de su garganta. Después, él se llevó la mano a la boca, y tras lamerse la palma con la voracidad de un lobo hambriento, se despojó del pantalón sin dejar de mirarla.
Totalmente abstraído, acarició sus pezones erguidos con la punta del pene, para seguir hasta su cuello, sus mejillas, pasando con lentitud su glande ardiendo por la comisura de los labios de esa mujer que intentaba en vano retorcerse, aferrar con sus manos ese sexo poderoso, y devorarlo con la fuerza de su alma.
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EL FOTÓGRAFO por Velaza (Relato erótico Nº35)

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on septiembre 17, 2009 by bodydulce

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EL FOTÓGRAFO

Me pidió que me desnudara para comenzar la sesión. Lo hice mecánicamente, como tantas veces, mientras él colocaba su equipo y ajustaba la iluminación ajeno a mi progresiva desnudez. No me demoré mucho tiempo puesto que llevaba puesto un vestido veraniego de tirantes hasta la rodilla, bragas y sandalias. Nada de pendientes, anillos u otro tipo de colgante, tal y como me habían pedido.

Cuando estuve lista, me invitó con la mirada a que me sentara en un espectacular sofá rojo de diseño moderno, casi futurista. Parecía que a él le quedaba poco para estar preparado. Me senté cruzando las piernas hacia un lado encima del sofá.

La empresa para la que trabajo de modelo me había ofrecido este trabajo porque reunía la serie de requisitos que demandaba el fotógrafo. Debía ser una chica de aspecto muy juvenil, de no mucho pecho, morena de pelo corto y agraciada sin maquillaje. No se trataba de una sesión de fotografía publicitaria a las que ya estaba acostumbrada. Al parecer, el cliente era un conocido fotógrafo creativo y pedía cosas muy concretas, hasta tal punto que exigía no llevar tatuajes y que la chica estuviera totalmente depilada, incluyendo el vello púbico. Esto último fue el único esfuerzo que tuve que hacer ya que mis medidas encajaban perfectamente con sus peticiones.

¿Empezamos? – dijo sin esbozar ni media sonrisa.

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LOS PSICOANALISTAS Y EL AMOR por PETER DER GROSS (Relato erótico Nº34)

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on septiembre 14, 2009 by bodydulce

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LOS PSICOANALISTAS Y EL AMOR
En un departamento situado en las entrañas de la urbe se hallaban dos amantes no enamorados, psicoanalistas de profesión, un hombre y una mujer, ambos se hallaban charlando sobre diversas cuestiones triviales acontecidas en su quehacer cotidiano.
El nexo entre ellos había surgido en sus años escolares. La primera vez que se vieron en el patio de la escuela ambos experimentaron algo que no supieron si definir como deja vu o la inconfundible sensación de reflejarse en un espejo. Físicamente no tenían nada en común, él era un año mayor, y también más alto; ella por su parte era de rasgos femeninos muy suaves y delicados, de constitución  pequeña y delgada. Pero había algo en sus personalidades que sin saberlo compartían mucho antes de conocerse. Desde su ingreso a la escuela primaria, él parecía parte del inmobiliario, se sentaba en su pupitre y dejaba ahí su larga figura hasta que sonaba el timbre del recreo, y en el patio se paraba siempre en el mismo lugar. Ella a su vez, solía contestar con monosílabos a casi todo, era experta en la economía de frases, no era agradable ni desagradable, oscilaba entre la hipersensibilidad y la anestesia afectiva. Cuando niños siempre defendieron la idea de que la felicidad consistía en cosas tan básicas como comer, dormir y tener un techo donde vivir. Solían bromear sobre lo que serían de adultos, él aspiraba al quehacer anónimo de un velador en alguna parte, mientras que ella podía visualizarse sin problemas como guardia de seguridad en una panadería. Eventualmente eligieron el psicoanálisis para descubrir las enigmáticas motivaciones que llevan al ser humano a desear y sufrir por necesidades inventadas.
El paso del tiempo los había transfigurado  de acuerdo a los estereotipos propios de la profesión. En esa ocasión, ella llevaba un largo vestido blanco de algodón, acompañado de una chalina negra, ancha, enseñando los hombros de manera que hacia el doblez quedaba un poco descubierto y anudado adelante, como complemento a su grácil figura adornaba su cuello con accesorios de plata, maquillaje moderado y el cabello suelto, pero peinado. La indumentaria de él emulaba la misma formalidad, pero más simpleza. Vestía una camisa de mangas largas color azul tenue y un pantalón negro, ambos impecablemente planchados, y  a su costado yacía su inseparable maletín negro de piel, el cual portable invariablemente sobre su hombro derecho. Como elemento adicional a su apariencia lucía una barba abundante y bien afeitada.
Media hora discurrió entre tópicos laborales, el tráfico, los gastos, la política, esos asuntos estresantes de la existencia de lo que nunca pudieron huir con éxito. Hubo un momento en que sus miradas simulaban no tener nada más  que decir, por lo que en la escena decorada por cuatro tazas de café vacías y dos humeantes colillas de cigarro reinó el silencio. Fue entonces cuando la dama se atrevió a hablar de algo que hasta entonces habían procurado jamás mencionar en sus intelectuales coloquios: el amor.

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FINAL DEL CONCURSO

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on septiembre 14, 2009 by bodydulce

Mañana, 15 de Septiembre de 2009 a las 24:00 h, termina el plazo de entrega de relatos para el concurso. Todavía tengo algunos pendientes de publicación. Ya me perdonarán pero he estado un tanto ocupada estos días debido a una operación para recuperar la vista. El postoperatorio no me permitía trabajar en el ordenador ni leer.

Tanto los textos pendientes como los que lleguen dentro del plazo serán publicados en estricto orden de llegada. Por tanto, será lógico que vean entradas aunque sea aparentemente fuera de plazo.

Una vez terminadas las publicaciones, les informaré del proceso de selección del ganador.

Suerte para todos.

PERDIDOS EN BANGKOK por Santiago Goich (Relato erótico Nº33)

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on septiembre 8, 2009 by bodydulce

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PERDIDOS EN BANGKOK

I.

Íbamos en un ascensor. Éramos Mónica Bellucci y yo. Un hombre común y una mujer inalcanzable unidos en una circunstancia. Nos dirigíamos a fornicar. Estábamos en el Lebua at State tower, un lujoso hotel de Bangkok. Nos conocimos en la sexagésima tercera planta, en el Sirocco, el sky bar más alto del mundo. La distinguí y no la perdí de vista. Ella miraba la fabulosa y resplandeciente ciudad y yo bebía un whisky. Éramos los únicos rostros occidentales. Atravesé la pista de baile y me situé a su lado. Dije: Thailand is a mixture of modernity and tradition, you know. Oí resonar las palabras en mi cabeza y me sentí como un guía turístico. Mónica sonrió. Créanme, fue extraordinario. Eso bastaba. Si arruinaba el diálogo, conservaría esa sonrisa.

Where are you from? – dijo.
Chile.
Chile?
Salas, Zamorano, Pinochet, Neruda…
¡Ah! Chile.

Un chilenito promedio y la actriz italiana más sensual del mundo. A eso le llamo estar en el lugar justo en el momento preciso. El idílico escenario y el alcohol afirmaban mi peso existencial. En otras circunstancias, a su lado me hubiese sentido como un insecto. Le pregunté qué hacía en Tailandia y me explicó que rodaba una película. Hizo lo propio y le revelé que me daba las vacaciones de mi vida. Entretanto, le extendí una cajetilla de Lucky strike Light con un cigarrillo sobresalido y le ofrecí fuego; luego encendí uno para mí. Mi maniobra fue fluida y me sentí orgulloso. Cada uno de sus gestos y movimientos eran un acto de una belleza sublime. Hablamos y bebimos durante casi una hora. Entonces ocurrió un milagro.

Do you want to come to my suite and have sex with me? – me dijo.
Are you kidding me?
No.

Hubo un silencio de siete segundos, en seguida respondí.

Yes, I will fuck you.

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