SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO por F. de la O. (Relato erótico Nº22)

Este es un texto que concursa en “Relatos eróticos breves”. Si quieren participar, aquí tienen las bases. Y si desean ver todos los relatos que concursan, solo tienen que hacer click en la categoría “Concurso de relatos eróticos” que se encuentra en la banda de la derecha, en el apartado “Categorías”.


SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

El silencio de la noche inunda su habitación. Sus preciosos cabellos rubios, ahora teñidos de moreno, descansan sobre su espalda y sus párpados están cerrados, impidiéndome deleitarme de nuevo con sus expresivos ojos castaños. No importa cada paso que de, cada gesto que haga o cada pensamiento que cruce su mente. Yo siempre estoy ahí, contemplándola, observándola incansablemente.

Nunca intervengo. Nunca me hago presente en su vida. Pero no importa, siempre estoy ahí, aunque ella lo ignore completamente; vigilándola, comprendiéndola, como una especie de ángel de la guarda particular. Cuando ella se mueve, el aroma que desprende su cuerpo lo respiro yo. Cuando ella habla, soy yo quien se estremece con la candidez de su voz. Pero cuando duerme, cuando duerme…

Esta noche es especialmente calurosa. Está destapada y semidesnuda, tan sólo unas pequeñas braguitas cubren su cuerpo. Su pecho se mueve acompasadamente, es evidente que su sueño es profundo y su mente vuela por los dominios más personales de Morfeo.

Me acerco a ella, tanto que puedo percibir su olor. Dedico unos segundos a recrearme con él. No ha utilizado ningún perfume, tampoco desodorante. Es olor a piel limpia recién lavada.

Comienzo a recorrer su piel. Despacio. Cada centímetro de su cuerpo es como un nuevo paraíso que merece la pena descubrir y explorar por sí solo, y yo no tengo ningún interés en dejarme ninguno sin cartografiar.

De pronto, su cuerpo toma vida de nuevo, se gira sobre la cama y se coloca boca arriba con los brazos extendidos, pero sigue profundamente dormida. Comienzo a acariciar suavemente sus labios, finos y muy suaves. Voy poco a poco recorriendo su cuello, disfrutando de las formas de su pecho.

Sigue dormida, pero su respiración es ahora más rápida. Comienzo a juguetear con sus senos, moviéndome dibujando redondeles sobre sus pezones y notando como estos se ponen cada vez más duros.

Su estómago, duro y tenso, se mueve al compás de su respiración, y dirijo de nuevo mis movimientos lentamente hasta llegar a su ombligo. Empiezo a acariciar en círculos, despacio, alrededor de él. En ocasiones compruebo como, pese a que sigue dormida, en cierto modo responde a mis atenciones. Sus músculos se contraen ligeramente tras mis caricias, seguramente la esté haciendo cosquillas.

Comienzo a bajar lentamente, hasta llegar al borde de sus braguitas. Hoy son de color blanco, con una especie de bordados alrededor de la goma de color rosa y un lacito del mismo color en el centro.

No me resulta especialmente agradable el tacto con el tejido, pero sin embargo la tela de las braguitas conservan el calor de su cuerpo. Ha empezado a sudar, la temperatura de la habitación no ha aumentado, pero la de ella sí.

Cuando llego a la parte más íntima de su cuerpo decido hacer un poco de presión. Ella suelta un pequeño susurro a modo de gemido que habría resultado inaudible si no fuera por el silencio que lo invade todo. Noto su humedad a través de la tela, pero aún me quedan sus piernas. Todavía es temprano, tenemos toda la noche por delante, por lo que, ¿por qué precipitarse?

Definitivamente, sus piernas puede que sean la parte más bonita de su cuerpo. Son tremendamente suaves y están perfectamente formadas. Me podría pasar toda la noche contemplándolas, y no digamos ya acariciándolas.

Voy recorriéndolas suavemente, las dos a la vez, en dirección a sus pies. Los hombres, por desgracia, no saben disfrutar adecuadamente del cuerpo de una mujer. Lo ven algunos como una vagina andante, otros se centran en el culo y las tetas… sin embargo, el diablo está en los detalles. Y la belleza también. Y sus tobillos son de una exquisita belleza, sólo apta, soy consciente, para paladares muy exigentes que sepan apreciar tales cosas.

Sin embargo, decido no perder mucho más tiempo en los detalles y voy subiendo de nuevo hacia sus rodillas. Si hay algo que de verdad me encanta acariciar de ella es la cara interna de sus muslos. Adoro su suavidad, como poco a poco la piel se va haciendo más y más cálida a medida que asciendo.

Nuevamente, llego a sus braguitas. Su respiración se ha acelerado un poco más, lo noto observando su pecho subir y bajar con más velocidad que antes. Me encanta jugar con ella, disfrutar de su cuerpo mientras duerme. Algunos dirían que es una especie de violación, otros dirían que estoy enfermo. Pero en estos momentos eso no tiene ninguna importante. En la intimidad de su cuarto, sólo tenemos cabida ella y yo.

Empiezo a acariciarla a través de su ropa interior bordeando su vagina, notando como poco a poco la humedad va traspasando el tejido, manchándolo. No deja de sorprenderme cómo su cuerpo me responde, puesto que ella sigue, como ya he comentado en varias ocasiones, completamente dormida.

Finalmente, empiezo a recorrer despacio desde atrás hacia delante su vagina, hasta llegar a su clítoris. Presiono un poco más y ella me contesta con un nuevo gemidito. Empiezo a acariciarlo suavemente, viendo como sus pezones suben y bajan rítmicamente  según la velocidad que imprimo a mis movimientos.

Entreabre la boca. Empieza a respirar por ella, y aprieta los ojos fuertemente. Poco a poco, su respiración se va convirtiendo en pequeños jadeos mientras continúo trabajando su clítoris, deleitándome con cada sonido que sale de sus labios y cada movimiento de su pecho. Los músculos de sus muslos empiezan a tener pequeñas contracciones, y, consciente de que el orgasmo está cerca, aumento mi velocidad.

Ella echa la cabeza hacia atrás, estira los brazos, tensa su cuerpo pero mantiene las piernas abiertas. Sus braguitas están completamente empapadas, pero no me molesta para seguir haciendo mi trabajo. Finalmente, el temblor de sus muslos y la intensidad de sus jadeos me muestran que el tan ansiado orgasmo engulle todo su ser, invadiéndolo de placer y provocando pequeñas convulsiones.

Finalmente se despierta, asustada, excitada, sudorosa, empapada, jadeante. Se incorpora sobre la cama y mira a su alrededor, pero no ve nada, sólo la familiaridad de su cuarto. Sí, yo aún sigo ahí. Siempre estoy ahí, a su lado, pero ella no puede verme.

Está confundida, se toca su entrepierna y la encuentra totalmente mojada. Su respiración aún está entrecortada y tardará un par de minutos en volver a la normalidad. Un sueño húmedo, piensa. Finalmente, vuelve a echarse en la cama. Le ha gustado. Pocos minutos después, la placentera serenidad del orgasmo va ejerciendo su efecto y el sueño vuelve a apoderarse de ella.

Son las tres de la mañana, la noche sigue su curso, yo permanezco quieto a su lado. Observándola mientras duerme. En silencio. Como siempre…

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6 comentarios to “SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO por F. de la O. (Relato erótico Nº22)”

  1. Que bueno.

    Me has remontado a alguna experiencias personales que estoy muy segura son obra del narrador de tu historia. Ese que no estoy segura sí temerle…

  2. muy bueno!!, me gustó….me excitó

  3. Hola soy yo nuevamente.

    Tu historia me dejó pensando y el post que colgé esta semana en mi blog “La desición”, esta inspirado en ella.
    Me gustaría compartirla contigo ya de alguna manera tienes que ver .
    Si el administrador me permite te dejó mi dirección: http://siguemeporaqui.blogspot.com
    Si no te dejó mi correo yrinak@cantv.net para enviarte el enlace.

    Gracias,

  4. Ay, qué pervertido :P

  5. Excelente nota, de verdad me parece una excelente narrativa y el final es elegante. Que bueno es leer notas de calidad.

  6. me ha encantado mientras lo leia ,era como si lo viviera la excitacion fue tanta que acabe masturvandome

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