TAXI por Rea (Relato erótico Nº20)

Este es un texto que concursa en “Relatos eróticos breves”. Si quieren participar, aquí tienen las bases. Y si desean ver todos los relatos que concursan, solo tienen que hacer click en la categoría “Concurso de relatos eróticos” que se encuentra en la banda de la derecha, en el apartado “Categorías”.

TAXI

Sería como la medianoche camino al aeropuerto con poca plata para ser un viernes, tenia ganas de tomarme un trago fuerte así que estaba pensando visitar a un amigo si es que lo encontraba, en esta noche limeña con clima ligeramente caluroso, polvoriento y sucio cuando un taxista me saca la mano,  me detengo y el tipo me dice:

– Causa,  un favorcito, mi carro se ha malogrado y no quiero perder toda la carrera, lleva a mi pasajero por la avenida Venezuela y Universitaria
– Ya pues compadre que suba

Y de repente del carro salió un mujerón, tremendo hembrón en una faldita blanca un poco arriba de las rodillas que me dejo estúpido y  con la quijada en el suelo, pues a pesar de no ser tan alta la falda dejaba ver que la chica tenia una cinturita pequeña, unas caderas inmensas y unas piernas bien formadas y largas que al caminar me dejaba literalmente sin aliento, conteniendo la respiración de pura sorpresa y lo más increíble es que abrió la puerta de mi carro y se sentó adelante, a mi costado.
Lucía una blusa negra con un escote medido, ni muy generoso, ni muy poderoso, lo suficiente para darse cuenta que esta chica también se las traía por delante y además llevaba puestos unos anteojos oscuros que no me permitieron darme cuenta en un principio que ella había estado llorando. Y qué bonita de rostro también, de labios carnosos,  nariz pequeña en botón y facciones delicadas. Tendría más o menos unos veinticuatro o veintisiete años, confirmados después por ella misma.

– Al cruce de la avenida Universitaria con Venezuela por favor

Solo al rato de estar manejando y de recuperarme de apreciar tanta belleza,  me di cuenta que había estado llorando

-¿qué le pasa señorita por que llora?
– Vengo de pescar a mi marido con su secretaría.
– Tranquila señorita, trate de tomarlo todo con calma. ¿Usted lo quiere? No se como es que me salió esa pregunta tan directa.
– No, la verdad es que nunca lo he querido.
– ¿Entonces?
– Él tiene cincuenta años y yo veintisiete y tenemos un hijo de 3 años y yo jamás lo he engañado, siempre lo he respetado pero nunca lo he querido. Me casé con él para asegurar mi futuro y el de mi familia, yo soy de una familia sin recursos y el me deslumbró con su dinero.
– Tal vez el se dio cuenta que usted no lo quiere.
– No, no es eso, él tampoco nunca me quiso, se caso conmigo por que soy bonita y nada más. Es de esos hombre vanidosos hasta la estupidez, que le gusta lucirse, que cree que el dinero lo compra todo, en realidad a mis papás se los metió al bolsillo rapidito regalándoles de todo y a mi igual, me deslumbró rápido con el dinero y nos casamos igual de rápido a su insistencia. No me falta nada, el es un abogado que heredó de su madre un buen negocio  y  propiedades.

La crudeza y franqueza como me estaba contando en un abrir y cerrar de ojos su vida me dejaban realmente en shock, sobrepasaba mi entender  tanta franqueza que yo sentía cierta, pero que en realidad era normal en esta profesión de taxista en la que había caído sin darme cuenta, pues los pasajeros no tienen por que mentirte cuando hablan de su vida, ya que probablemente nunca más los vuelvas a ver en tu vida.

– ¿Y qué le dijo cuando usted lo sorprendió?
– Me pegó, me tiró una cachetada y me dijo que qué hacia en su oficina. El maldito me pega y encima me bota de su oficina sin ningún remordimiento.

Y veo que efectivamente tiene una pequeña herida en la boca

– Siempre supe que él se creía un don Juan pero no se por qué pensé, que esto no me  iba a pasar y que él estaba también deslumbrado por mi belleza, como siempre me lo dijo. Tengo todo, no me falta nada, pero no me trata como una esposa, no me hace sentirme mujer. No se qué hacer.
– A ver señorita, ¿usted dice que lo sorprendió a su marido en pleno con otra y a él no le importo nada?
-Sí
-¿Me dice además que usted no lo quiere y que además él tampoco nunca la quiso, que solo la quiso para él lucirse?
-Sí
– Entonces señorita no veo el motivo de sus lágrimas, si usted no lo quiere.
– Es que a pesar de todo yo siempre lo he respetado, incluso dejé a mi antiguo enamorado por él y nunca lo engañe.
– Entonces señorita, respóndale igual.
– ¿Cómo? Pero y luego me bota.
-No, no le digo que se divorcie, solo digo que le responda igual; salga con sus amigos, salga a bailar o qué se yo, engáñelo también con alguien que a usted le guste, total a él parece que tampoco le importa, por que si por lo menos él pidiera disculpas o se mostrara arrepentido, yo le diría tranquila señorita, trate de calmarse, pero ese no es el caso.

Fue entonces que en ese momento se quitó los lentes, me miró y yo me turbé aun más  con sus ojos grandototes color miel y ella se dio cuenta y el dialogo se acabó y se llenó todo de silencio y yo no agregué nada más; solo se oía el ruido de mi motor. Cuando  llegamos a su casa, agregué:

-Disculpe mi atrevimiento. Ella me dijo.
-Señor, no se vaya, espéreme unos quince minutos, yo le voy a pagar por el tiempo que me espera.
-Está bien, vaya nomás no se preocupe yo la espero.

Pasaron como unos treinta minutos y comienzo a intranquilizarme y de repente sale de su casa toda cambiadita, bañadita y perfumadita, una delicia de mujer, sube a mi carro  y me dice que vayamos por ahí a tomar un trago

-Noooooo señorita, yo estoy trabajando, el carro no es mio, tengo que pagar la cuenta.
-¿Cuánto es lo que pagas por el carro?
-Treinta soles por el turno.
-¿Y cuánto es lo que sacas en tu turno de trabajo?
-A veces unos treinta o cuarenta y a veces menos, pero en fin de semana saco más.
– Ya, no te preocupes por la plata, yo te voy a pagar todo eso y acto seguido me dio un billete de cien dólares
-¿Te parece bien? Ahora llévame por ahí a tomarnos un trago que yo invito y te repito no te preocupes por la plata.

Después de tomarnos unos wiskies en el bar del hotel subimos a la habitación, de frente nos fuimos al baño pues estábamos sudados y nos dimos un largo y profundo beso, sentí su pasión y la mía, le fui besando el cuello, sus pechos que se erectaron, seguí bajando con mis besos hasta su pelvis mientras la oía gemir, luego levanté una de sus piernas para poder explorar entre sus piernas sus jugos y todo su sexo mientras ella parada se mojaba y yo arrodillado en la ducha jugaba con mi lengua y su sexo. Luego de la ducha la cargué a la cama para seguir saboreándola entre las piernas y con mi lengua ya casi agarrotada sentí como se estremecía y emitía un leve y largo suspiro. Hasta entonces no la había penetrado, pues quería guardarme para el final y cuando lo hice, ella ya estaba agotada por el trajín de mi lengua y se vino casi nuevamente casi al penetrar en ella, o eso me pareció, al tiempo que le levantaba sus piernas a la altura de mi pecho para poder penetrarla más profundamente y sentía como me cogía de las nalgas jalándome hacia ella aun más si cabía la posibilidad.
Luego que nuestras respiraciones se normalizaron, nos quedamos abrazados y dormimos juntos como unos querubines,  relajados hasta las cuatro de la tarde del día siguiente y cuando me desperté y al ver su cuerpo desnudo ahí mismo la desperté y entonces le dije que ya nos teníamos que ir y entonces, “lo increíble”, cambio su tono de hablar a casi de súplica

– Nooo, no te vayas, no me dejes, quédate conmigo, quiero estar contigo, no me botes, por primera vez necesito a un hombre a mi lado y como  estoy necesitando de ti.

Al dejarla en su casa, Me dijo que no me preocupara, que ya sabía cómo iba a manejar la situación, me pidió mi teléfono y no lo apunto, lo memorizo y me pidió que no la llamara que ella se iba a poner en contacto conmigo.
Fue así que al marcharse, escuche esa canción de Serrat, que me emocionó tanto, tanto, tanto: “Ay mi amor, sin ti no vale el despertar, Ay mi amor, sin ti mi cama es ancha”….., fue entonces que me di cuenta que ya estaba total  y perdidamente enamorado y que era el comienzo de un largo sufrimiento.

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Una respuesta to “TAXI por Rea (Relato erótico Nº20)”

  1. Anónimo Says:

    suena bien este relato te felicito taxista suertudo

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