METRO por Laertes (Relato erótico Nº14)

Este es un texto que concursa en “Relatos eróticos breves”. Si quieren participar, aquí tienen las bases. Y si desean ver todos los relatos que concursan, solo tienen que hacer click en la categoría “Concurso de relatos eróticos” que se encuentra en la banda de la derecha, en el apartado “Categorías”.

METRO

Madrid, estación de metro ligero de Dos Castillas.

A estas horas (son las 7 de la mañana), todavía no hace demasiado calor. Un ligero escalofrío me recorre, al mismo tiempo que una ráfaga de aire recorre la estación. Un envoltorio de helado recorre ociosamente el andén, acercándose a un suicidio anónimo y casual. La ciudad está en silencio; Agosto es el mes de los pringadillos como yo. “Hoooola, me llamo Alejandro y soy (pausa dramática)…sustituto de verano” (ahora es cuando vosotros decís “hoooola, Alejandro, te entendemos, te apoyamos, cuéntanos tus problemas”)

Un minuto. El cartel cambia el cansino mensaje que te recuerda lo de “has de validar tu billete dentro del tren” por el de “proximo tren: 1 minuto”. El sol asoma tímidamente entre un par de nubes. Abro el libro, ojeo distraídamente una página al azar. Pienso en buscar un marcapáginas, pero caigo en la cuenta de que siempre los pierdo.

El tren llega. La puerta se abre y el aire acondicionado me golpea bien fuerte, erizándome los pelos de las piernas. Hay sitios para sentarse, pero me agazapo en el hueco que hay entre vagones y abro el libro con avaricia. Ya tendré tiempo de estar sentado en mis ocho horas de trabajo.

Traqueteo, tembleque, nos ponemos en marcha. Observo de reojo como una anciana con el pelo morado me mira con curiosidad, como decidiendo en qué especie de jovenzuelo cuadro y por qué no me he sentado. Llegamos a la siguiente estación, otra estación solit…un momento.

El andén está a rebosar de gente. Qué raro. Normalmente no se suele subir nadie aquí, a menos que sea hora de salida de universitarios, pero…

Se abren las puertas y una avalancha de señoras entran a toda prisa a ocupar los asientos disponibles. Ya en la segunda oleada, algunos chavales, un par de trajeados relucientes y barbilampiños y Ella.


La seguridad del libro me permite ver de reojo a una chica morena, con el pelo corto y rizado; Avanza a trompicones, coronando la cresta de una ola de gente que en breves segundos va a restallar en mis narices. Por todos lados se oyen las palabras “avería”, “trabajo”, “tarde” y alguna que otra maldición.Ella intenta frenar, pero es tarde y no es Superwoman. En el último momento, consigue parar agarrándose a la barra que tengo a mi derecha, pero eso simplemente hace que el choque sea más suave; No sé si será el miedo a la colisión, la vergüenza, el aire acondicionado o qué, pero sus pezones, erectos, recorren mi camiseta de lado a lado mientras pierde el equilibrio y alguien grita “tranquiiiiilos, joder, que entramos todos”. Instintivamente, lanzo la mano derecha y la cojo de la cintura, mientras me justifico pensando “no es que quieras mantener sus tetas apretadas junto a ti, sino evitarle una caída”. Seguro.

Las puertas se cierran en ese instante, mientras la chica abre la boca y farfulla un “gracias” rodeado de una cara colorada como un tomate. Quito la mano meteóricamente y musito un “de nada” mezclado con un carraspeo. Las puertas terminan de cerrarse, la gente se aprieta e, inevitablemente, la chica acaba a escasos centímetros de mi cara. Es más alta que yo, una media cabeza. Lleva un colgante con una piedra verde y una camiseta rojo burdeos, de manga corta. Mi cerebro también informa de un pantalón vaquero corto, deshilachado por los bordes y unas sandalias que dejan ver todo el pie. Lo que pueden hacer las hormonas cuando toman el mando de los sentidos…la chica está incómoda, se le nota. Intento animar un poco el tema.

no te preocupes – me sale un gallo,¡viva y bravo! – sé que no es pasión; es presión

Gilipollas. Gilipollas, imbécil, capullo, tuercebotas, lamealondras. Si tuviese un artículo de Pérez-Reverte a mano, estoy seguro que encontraría más insultos. Vaya capullada que has soltad…un momento.

Ha sonreído. Esto no estaba previsto.

Llegamos a la siguiente estación. Estoy confuso. Entra más gente. No sale nadie. La chica me mira con una sonrisa curiosa y se deja apretujar. Respira y exhala con suavidad. Un perfume dulce me invade mientras un leve tono de menta sale de su boca, enmarcada por un los labios finos en su inicio y gruesos en su centro. Unos labios en los que uno podría rebotar.

La gente termina de entrar y yo acabo con sus tetas en medio del pecho e inevitablemente, el pequeño Alejandro se pone como una moto, porque una cosa es ser un caballero y otra un eunuco. Sin embargo, elijo la caballerosidad y bajo la mano para interponer el libro entre mi entrepierna y la suya, mientras me giro a una posición menos comprometida, dentro de los milímetros que me permite el estado del vagón. Y entonces, mientras ejecuto mi maniobra, ella me agarra la mano y me sonríe. Se me cae el libro, el alma y el sentido común, todos a la vez. El tren se bambolea. Deja de agarrarme la mano y empieza a manosear mi paquete.

Esto no puede ser verdad.

La miro, incrédulo, mientras aprieta con fuerza el bulto de mi pantalón pirata. Afortunadamente, no es de los de cremallera o ya la tendría tatuada. Con cada movimiento de su palma, rítmico, se acerca un poquito más a mis labios… hasta que se aparta y mira a otro lado. En ese momento pienso “ya está, esto es una broma. Ahora me va a dejar aquí con este calentón tremendo”, pero no. La chica no se interrumpe e incluso aumenta el ritmo. Me va a explotar el pantalón, estoy sudando, pero no me permito el más mínimo jadeo; aunque no tengo a nadie directamente a los lados, a estas horas de la mañana nadie habla y se me oiría claramente. Ella se impacienta y empieza a desabrochar el pantalón. Yo no aguanto más y deslizo mi mano derecha por el borde de su pantalón. La camiseta es corta, y deja al descubierto una fina línea de piel antes de llegar al vaquero. Con torpeza, desabrocho los dos primeros botones del pantalón y alcanzo la braguita. Mientras, ella ya ha accedido a mi polla y la está pegando unos meneos de impresión. Por no ser menos, introduzco un dedito por un lado de la braguita y toco sus labios, que empapan la costura. Me pongo a cien. Ella de repente, me mira, intensamente. Le mantengo la mirada mientras introduzco un dedo, lentamente. Su cara no expresa la más mínima emoción, pero noto como se contrae ahí abajo. Empiezo a mover el dedo, rozando mínimamente el clítoris, acariciando la parte interior de la vagina. Pronto introduzco un segundo dedo y empiezo a hacer presión en las paredes vaginales con las yemas de los dedos. El tren temblequea y toma una curva cual bólido de carreras y por suerte, hacia mi lado. La chica jadea y se me echa encima; ambos aumentamos el ritmo mientras la gente se queja de la brusquedad del conductor.Ella se concentra frenéticamente en hacer que me corra, masturbándome de una manera salvaje. Quiero besarla, meterla la lengua hasta el fondo, pero sé que no podría parar, así que me contengo y me centro en hacer que ella también se corra. Finalmente, la chica me hace explotar y me desparramo por todo el slip, parte del pantalón, su mano y si me hubiesen dejado, la cara de la señora de enfrente que, por cierto, ha parado de quejarse y nos mira con poco disimulo. Una sensación cálida y mareante me invade y lucho contra el golpe de endorfinas que me produce el orgasmo para seguir dándole caña a la chica, que ya con ambas manos libres, se aferra a mi culo como si le fuese la vida en ello. Doy gracias a que la señora de enfrente no nos ve de cintura para abajo. Finalmente, noto como su vagina se contrae, al mismo tiempo que la chica me mira fijamente y deja caer su barbilla en mi hombro, con un leve suspiro. El perfume de su cuello me golpea otra vez y mi flacidez empieza a despertar de nuevo pero, desgraciadamente, se abren las puertas. La chica levanta la cabeza, me mira un instante y me abrocha el botón del pantalón pirata. Se agacha, recoge mi libro y me dice: “Toma. Se te ha caído”.

Y sale por la puerta, junto con una turba de gente. Hemos llegado a destino. Objetivo: tapar una corrida que atraviesa todo el pantalón con un exiguo libro de bolsillo y volver a casa a por otro pantalón. Si es posible, llamar a mi jefe y conseguir que no me despida. Y por supuesto, coger el metro ligero siempre a la misma hora y el mismo lugar, aunque ya sé de antemano que no volveré a ver nunca a la misteriosa chica morena, su camiseta burdeos y su mano hambrienta.

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12 comentarios to “METRO por Laertes (Relato erótico Nº14)”

  1. Von Richthofen Says:

    Fantástico. Para mi, el mejor de los que se han publicado.

  2. Oye, no es un poco coñazo todo esto? Los relatos son todos malos, llenos de adjetivos innecesarios y lugares comunes (pechos turgentes, escote escandaloso, curvas nosequé), y siempre demasiado largos.
    Por qué no cancelas ya esta historia, o al menos que no interfiera con tus posts? Son mucho más interesantes y delicados que todo esto. Estoy a punto de quitar el rss porque ya no aguanto más!
    Ahí va mi relato erótico:
    La veo y pienso, que lindura! Me gustaría abrazarla…
    The end.
    :)

    • orospeda Says:

      Si no te gusta leer este tipo de relatos estás en tu derecho, pero de ahí a decir que todos son malos pues no sé yo… me parece una falta de respeto a todos los que estamos participando en esta historia

      • Es verdad, tienes toda la razón. Hay veces que uno se pone en plan bruto y no se da cuenta de que hay gente detrás, no distintos de mí, que escriben estos relatos, y yo no soy nadie para llamarlo malo. No hay nada malo ni bueno además, todo es según como le entre a cada uno.
        Así que pido disculpas.
        Y gracias, bodydulce por esa futura dedicatoria, no puedo esperar!
        Besos

  3. bodydulce Says:

    Luis, mi próxima entrada que no tenga que ver con el concurso te la voy a dedicar a ti ;-)

    En breve, publicaré la segunda entrega de “El arte de la felación”. Espero que mantengas tu rss.

    De todas formas, no seas tan duro, hay relatos que son muy sugerentes y están muy bien escritos.

    Besos para mi Luis.

  4. Lo malo de este tipo de historias es que hay gente en los transportes públicos que se las toman demasiado literalmente…
    Un saludo,
    Deprisa

  5. puntilloso Says:

    “La veo y pienso, que lindura! Me gustaría abrazarla…”

    dos faltas en un relato tan corto… El acento en ese “qué” es necesario, al ser exclamación (que no has abierto, por cierto). Díme de lo que presumes… :-)

    Y misteriosamente, no encuentro ninguno de tus tres lugares comunes en este relato. Quizás deberías leerlo antes de criticarlo, dado que la habilidad de criticar sin leer suelen exhibirla solo los críticos profesionales :-P

    Por supuesto, si no te apetece leerlos, solo tienes que darle al “read all” de tu lector de feeds.

    Respecto al relato, no esta mal, pero tarda en empezar.

    @Deprisa: la leche, la línea en la que viajas debe ser una fiesta. ¿Se ven muchas cosas así? ¡fomentando el transporte púb(l)ico! :-D

  6. Je je, gracias puntilloso por tus observaciones.
    Lo que pasa es que al ser un relato tan tan corto hay que utilizar trucos que trascienden a las reglas. No empieza siendo una exclamación, sino que se va “exclamando progresivamente” porque la sensación va invadiendo desde lo leve a lo intenso. Así que el “que” inicial es parte de una frase normal, que se incendia al final. Piensa que todo pasa en dos segundos y en ese tiempo la chica ha dado ya un paso más, mostrando también su cinemática, lo que termian de inflamar a nuestro héroe.
    En cuanto a lo de las críticas desmedidas ya he pedido disculpas que te reitero a tí.

    Saludos,
    Luis.

  7. incoherencias Says:

    Al principio de la historia, en la primera descripción ella lleva falda larga, pero más adelante él le desabrocha los botones de un pantalón vaquero.

  8. bodydulce Says:

    El autor ha tenido en cuenta esta incoherencia y me ha pedido que lo corrija.

    Gracias al lector por dar el aviso.

  9. Valentina Says:

    Que interesante este relato, me recuerda a algo que me pasó hace poco en la universidad… que maravilla que hayan hombres que no les cuesta nada pillarte el punto G con los dedos y que te corras así sin más :)

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    (Relato erótico Nº14) | DIARIO DE UNA PUTA DE LUJO.
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