UN VERANO EN LA SIERRA por Mentesano (Relato erótico Nº10)

sexy hortelana

Este es un texto que concursa en “Relatos eróticos breves”. Si quieren participar, aquí tienen las bases. Y si desean ver todos los relatos que concursan, solo tienen que hacer click en la categoría “Concurso de relatos eróticos” que se encuentra en la banda de la derecha, en el apartado “Categorías”.


UN VERANO EN LA SIERRA

La vida de estudiante suele provocar cierta nostalgia cuando pasados los años las arrugas de la frente y el despertador de cada mañana se encargan de recordarnos que hemos crecido, aunque sea como imbéciles que nos repetimos día a día en un mundo monótono, y a veces casi absurdo.

De la vida de estudiante nos quedan las horas muertas, las noches de café y tabaco bajo el flexo, la agonía vital de los exámenes, las juergas que ponían el piso de estudiantes al revés mientras esperábamos que se asomara la mañana a la ventana arañando una piel nueva que de repente había germinado en la cama entre el alcohol barato de garrafón y los porros de hierba.

Y terminamos de estudiar de repente, con una orla repleta de gente que apenas has conocido y con un título bajo el brazo que sólo sirve para pasearlo como a un perro que se va meando de esquina en esquina. Y después a buscar trabajo, sin que nadie te haya avisado de tu papel de carne de cañón, de que tu currículum haya recorrido medio país, decides prepararte unas oposiciones, las que menos dañen a tu cerebro deshecho tras meses de impotencia y frustración, y de entrevistas en las que un señor bien trajeado, que se repite de empresa en empresa con una sonrisa obligada, acaba diciéndote “aunque usted no se ajusta por su falta de experiencia al perfil que actualmente demandamos, le tendremos en cuenta para futuras contrataciones”.

Y yo sin blanca, sin poder permitirme pagar una academia todos los meses y el alquiler del piso en la capital, por lo que decidí, tras hacer la oportuna recolecta familiar, comprarme un temario a distancia, de esos que te venden asegurándote un noventa y nueve por ciento de aprobados y en los que en la publicidad salen sonriendo jóvenes opositores que gracias al material en cuestión habían conseguido el trabajo de sus vidas. Con el temario por lanza con el que enderezar entuertos cual Quijote en paro de nuestros días me fui al cortijo que la familia tenía en  la sierra, aislado del mundanal ruido y aprovechando ese espacio de soledad en donde los minutos parecen horas y las horas, siglos.

La primera semana pasó sin pena y sin gloria, estudiando diez horas diarias y dando paseos para despejar la mente a la orilla del río que recorría sinuoso el valle entre chopos y mimbreras. Pero una mañana, mientras me peleaba con el recurso de alzada y el contencioso administrativo, un todoterreno aparcó en uno de los cortijos más distantes de la aldea y una mujer empezó a descargar maletas y bolsas de plástico de un conocido supermercado. Aquel cortijo llevaba años en venta y sin habitar, por lo que intuí que aquella mujer sería la nueva propietaria. ¡Por lo menos tendré con quien hablar! Me dije, mientras observaba desde la ventana la mudanza.

Pasados unos días empezamos a saludarnos y ya que éramos los únicos vecinos de la aldea nos invitamos mutuamente a tomar café. Ella me comentó que había estudiado psicología, aunque muy joven tuvo una hija y dejó de lado su trabajo de administrativo en una constructora y las oposiciones que había empezado a estudiar para dedicarse a su marido y a la familia. El marido,  un alto ejecutivo de una empresa alemana de complementos electrónicos, era un hombre bondadoso y bonachón veinte años mayor que ella, un hombre que por su trabajo siempre estaba de viaje por toda Europa por lo que apenas se podían ver unos días al mes. La hija, a sus dieciocho años, estudiaba primero de derecho en la Complutense, aunque no estaba con ella por que se había ido de viaje con unos amigos a Praga; vendría pasados unos días a pasar el resto del verano con ella, a echarle una mano con la casa y el huerto, el reto personal que se había planteado después de comprar el cortijo en la sierra.

Sus cuarenta años apenas le habían dejado unas arrugas en la frente y un brillo en la piel como de fruta madura. El pelo, a la altura de la nuca, era liso y moreno, dándole un aspecto juvenil que se combinaba en perfecta armonía con las curvas aún bien pronunciadas de su cintura y de sus pechos. El culo, bajo los vaqueros ajustados, se marcaba respingón e insinuoso, moviéndose compacto y oscilante a cada paso como una campana.

Fueron pasando los días y cada tarde volvía sudorosa y con un pequeño rastrillo al hombro que utilizaba para quitar las malas hierbas que crecían en el huerto. Vestía unos viejos y deshilachados pantalones vaqueros cortados a la altura de las rodillas y una camiseta de tirantes que dejaba entrever sus pechos entre  manchas de tierra oscura y sudor; sobre la cabeza, un sombrero de paja desvencijado le daba un aire de postal, como de mujer de ciudad colocada bruscamente en un paisaje bucólico pero extraño.

Cada tarde era un espectáculo que se asomaba a mi ventana cuando aquella mujer acudía a la fuente a refrescarse y el agua le empapaba el pelo y escurría por la camiseta como estalactitas que morían en su cintura; a lo lejos, mis ojos luchaban por darle forma a su cuerpo bajo la humedad del agua y mi imaginación se adentraba por su cintura desnuda como una lengua invisible que la  recorría; mientras, mi manos apartaban los apuntes y sacando la polla me masturbaba imaginándome que aquella mujer entraba de repente en la habitación y poniéndose sobre la mesa me ofrecía su sexo sudoroso para que lo devorara, y mi lengua recorría su sexo salado, y su ombligo con olor a tierra, y terminaba acercando su boca a mi polla, hincada de rodillas frente a la mesa mientras mis manos la atraían bruscamente por la nuca hasta tragarse todo mi sexo, y de vez en cuando me masturbaba mientras ella seguía chupando y lamiendo, y el semen terminaba por brotar en su boca como una fuente indomable, y corría por la comisura de sus labios hasta sus pechos, marcando hilos de nieve que ella limpiaba con su camiseta sucia y sudada. Todas las tardes me hacía una paja imaginándome aquella escena

Me miró con una sonrisa picarona y sin decir ni una palabra se llevó mi dedo índice a la boca, succionándolo lentamente con los ojos entreabiertos; estuvo chupando y dando lenguetazos hasta que de repente, como atraída por un imán, se dio la vuelta y se puso a cuatro patas sobre la cama, poniendo la redondez perfecta de su culo a la altura de mi boca. Empecé a comerle el coño por detrás y agarrándola fuertemente por las caderas estuve follándomela unos minutos con mi lengua, metiéndola y sacándola rápidamente hasta quedarme sin aliento. Luego, cuando creía que se iba a correr en mi boca, cogió mi mano y tras ensalivar de nuevo mi dedo se lo metió lentamente en el culo, moviéndolo acompasado entre pequeños gritos de placer y dolor. Poco a poco su culo se fue abriendo como una granada madura, favoreciendo la embestida con un meneo circular de cintura y echándose hacia atrás para que, primero mi dedo y luego mi polla, la penetraran; en menos de un minuto me corrí en su interior, en lo más profundo de su ser. Ella, exhausta, se dejó caer sobre la cama y yo caí sobre ella hasta que mi polla, ya flácida,  salió  expulsada de su culo con un cierto color a carne de membrillo.

A lo largo de aquel verano follamos por el culo varias veces, aunque mi obsesión era penetrarla por aquel coño estrecho y rasurado que tantas veces estuvo en mi boca, que tantas veces recorrió mi lengua mientras le comía el clítoris o la penetraba estirando la lengua como si fuera un camaleón dispuesto a comerse un insecto escondido en su interior. A veces, cuando sabía que estaba a punto de correrse, acercaba mi polla dura hasta su coño, rozándole el clítoris y los labios con mi glande, como queriendo que en ese momento me suplicara que me la follara como a una perra en celo. A pesar de todos los intentos sólo me ofreció su culo, reservando su coño como una ofrenda a un Dios pagano que no era yo.

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2 comentarios to “UN VERANO EN LA SIERRA por Mentesano (Relato erótico Nº10)”

  1. No entiendo muy bien el fin que lleva tu blog.En la descripción que haces da a entender que trata las “aventuras” de una prostituta de lujo, como una vida elejida, pero ahora sólo veo relatos de concursos…pero son muy buenos jajaja.
    Saludos y suerte en el concurso.

  2. nytaa, si lees el histórico de este blog te darás cuenta de que estos sigue siendo un blog de “Reflexiones sobre una vida elegida”. Lo que pasa es que se me ocurrió convocar un concurso de relatos eróticos y la gente está mandando sus aportaciones casi a una por día (léete las bases por si te interesa)

    Mi compromiso fue publicarlas todas, así que tengo menos tiempo para seguir con mis aportaciones personales al blog (además he estado de vacaciones) No obstante, este blog volverá a la normalidad cuando termine el concurso de relatos eróticos.

    Espero haberte aclarado las dudas.

    Besos.

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