Archivos para julio, 2009

LA DEMOLICIÓN por Nyna Koty (Relato erótico Nº16)

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on julio 29, 2009 by bodydulce

Este es un texto que concursa en “Relatos eróticos breves”. Si quieren participar, aquí tienen las bases. Y si desean ver todos los relatos que concursan, solo tienen que hacer click en la categoría “Concurso de relatos eróticos” que se encuentra en la banda de la derecha, en el apartado “Categorías”.

LA DEMOLICIÓN

Entró al cine, estaba casi vacío.
Pasaban una película europea, esas cosas que sólo disfrutan las personas cultas al extremo, como él, pero con un gusto secreto, por el lado oscuro del ser humano.
La cita era con su ego, quería estar presente en la última función de esa sala antes de ser demolida para convertirse en otro centro comercial.

La arquitectura delataba su fecha de nacimiento, olía a dictaduras pasadas, las butacas numeradas hablaban de orden, de clase, las cortinas de terciopelo rojo, llenas de hoyitos, se descolgaban imponentes a los lados de los balcones. Ahora era solo un viejo edificio en el medio de una nueva ciudad.

Él frecuentaba el lugar desde que llegó a la capital, lo descubrió en sus días de estudiante. Veía películas, besaba novias, aprendía del mundo.
Hoy se encuentra en el mejor momento de su carrera, tiene fama, fortuna y familia, sin embargo anda buscando otro tipo de satisfacción, una que le genere mucha adrenalina, que le haga latir el corazón al máximo.

En las últimas visitas a la sala de cine vio a esta hermosa mujer, etérea, atemporal, siempre en el mismo asiento. No podía dejar de ver su larga cabellera que caía en suaves ondas sobre el respaldo del asiento. Sí cerraba los ojos podía colocarle colores a su perfume.
Quiso acercarse, pero no encontraba una buena excusa, no quería ser tan obvio. Sin embargo la demolición del edificio lo empujó a tomar una decisión, ya no habría más oportunidades de encontrarse con el objeto de su más reciente obsesión. Está noche o nunca.

Su corazón le latía fuertemente mientras se acercaba a ella. En la sala sólo había 9 personas y muchas butacas vacías, qué tontería podría decir para sentarse a su lado sin espantarla. Sentía que un repentino calor le envolvía el cuerpo. Ya estaba a tres pasos de ella, se sentía tan nervioso, como cuando se robo el carro de su papá a los 13 años. El miedo lo carcomía, pero la excitación era mucho mayor y lo empujaba a su encuentro. Sin garantías llegó a su lado, se sentó sin decir una palabra.

Ella ni se inmutó, seguía la acción de la pantalla con profundo interés. Él se dedicó a contemplarla, por el resto de la función.

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FRENCH CONDUCTION por Jean Paul Memondo (Relato erótico Nº15)

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on julio 28, 2009 by bodydulce

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FRENCH CONDUCTION

Hacía un calor sofocante, abrumador tan terriblemente abrasador que los sapos cruzaban el asfalto hirviente de puntillas y corriendo. Los calores del alquitrán inundaban por doquier allí por donde el enemigo público número uno en lo más alto castigaba a los que se aventuraban a pasearse por la carretera con poco tráfico y poca vida.

Michelle estaba desesperada porque su Harley la había dejado tirada en el asfalto, en el asfalto caliente, demasiado caliente para ella. No sabía qué hacer y a dónde mirar. Michelle era una aventurera francesa y estaba recorriendo Estados Unidos de arriba abajo y de abajo arriba.

A lo lejos creyó ver algo que se acercaba, un pequeño brillo acompañado del eco de un sonido singular de un motor particular. Se puso la mano en la frente como visera para verlo mejor.

Efectivamente, era un vehículo descapotable de gran cilindrada que se acercaba raudo y veloz hacia donde estaba la bella Michelle con su no menos bella bestia de dos ruedas al lado, tirada, asfixiada y averiada.

Michelle que llevaba unos pantalones vaqueros muy cortos con unos botines de ante marrones muy sugerentes y una camiseta de tirantes apretada que subía y bajaba al son de su respiración agitada supo muy bien cómo hacer para que aquella máquina que venía por la carretera enloquecida  con su ocupante, seguramente tan sediento de velocidad y desenfreno como ella, accedieran a echarle una mano y la ayudaran en aquel difícil trago para ella.

A medida que el descapotable rojo, fuego y pasión se acercaba hacia ella, la mademoiselle sacó uno de sus pies de los botines y lo puso en medio de la carretera infernal, eso sí, con cuidado de no tocar con su delicada y bella extremidad el alquitrán enrabietado y sulfurado; así pues, cuando tanto muslo, pantorrilla y pie desnudos se pusieron en medio de la carretera y el dedo pulgar de su mano en lo alto del aire rígido y desafiante; acto seguido se oyó un frenazo como si de una fiera agitada y enfurecida por el calor rugiera enloquecida ante la reluciente pierna de Michelle y sus pechos sugerentes agitados que amenazaban con transparentarse en la camiseta debido al sudor que le caía por el cuello y garganta.

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METRO por Laertes (Relato erótico Nº14)

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on julio 26, 2009 by bodydulce

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METRO

Madrid, estación de metro ligero de Dos Castillas.

A estas horas (son las 7 de la mañana), todavía no hace demasiado calor. Un ligero escalofrío me recorre, al mismo tiempo que una ráfaga de aire recorre la estación. Un envoltorio de helado recorre ociosamente el andén, acercándose a un suicidio anónimo y casual. La ciudad está en silencio; Agosto es el mes de los pringadillos como yo. “Hoooola, me llamo Alejandro y soy (pausa dramática)…sustituto de verano” (ahora es cuando vosotros decís “hoooola, Alejandro, te entendemos, te apoyamos, cuéntanos tus problemas”)

Un minuto. El cartel cambia el cansino mensaje que te recuerda lo de “has de validar tu billete dentro del tren” por el de “proximo tren: 1 minuto”. El sol asoma tímidamente entre un par de nubes. Abro el libro, ojeo distraídamente una página al azar. Pienso en buscar un marcapáginas, pero caigo en la cuenta de que siempre los pierdo.

El tren llega. La puerta se abre y el aire acondicionado me golpea bien fuerte, erizándome los pelos de las piernas. Hay sitios para sentarse, pero me agazapo en el hueco que hay entre vagones y abro el libro con avaricia. Ya tendré tiempo de estar sentado en mis ocho horas de trabajo.

Traqueteo, tembleque, nos ponemos en marcha. Observo de reojo como una anciana con el pelo morado me mira con curiosidad, como decidiendo en qué especie de jovenzuelo cuadro y por qué no me he sentado. Llegamos a la siguiente estación, otra estación solit…un momento.

El andén está a rebosar de gente. Qué raro. Normalmente no se suele subir nadie aquí, a menos que sea hora de salida de universitarios, pero…

Se abren las puertas y una avalancha de señoras entran a toda prisa a ocupar los asientos disponibles. Ya en la segunda oleada, algunos chavales, un par de trajeados relucientes y barbilampiños y Ella.

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TREGUA A LA REALIDAD por Valentina (Relato erótico Nº13)

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on julio 24, 2009 by bodydulce

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TREGUA A LA REALIDAD

La luz mortecina del local no favorecía en nada las curvas voluptuosas de la mujer del vestido rojo que acababa de traspasar el umbral, tampoco hacía que sus joyas brillaran deslumbrantes y ni siquiera resaltaba sus ojos verdes de gata. Era una luz amarillenta-desgastá que lo que sí conseguía era que la taberna pareciera más cutre de lo que era. Los parroquianos, ahogados en sus respectivas cervezas, no levantaron la mirada cuando aquella imponente mujer avanzó con resolución hacia la barra y se sentó en uno de los taburetes, levantándose el vestido más de lo necesario y exagerando el movimiento de cadera para que se le ciñera aún más el vestido. Ni siquiera se giraron a mirar cuando descuidadamente tiró el bolso para que los turgentes pechos se le movieran juguetonamente bajo el escandaloso escote al inclinar la espalda para recogerlo. Ella hizo un barrido con la mirada para desilusionarse por no haber causado el más mínimo efecto en los tipos de aquel local. Pidió un tequila. Se lamió delicadamente el dorso de la mano y luego se echó sal. Cuando tenía la lengua preparada para darse otro largo lametón en la mano desnuda vio que, desde la puerta del servicio, estaba siendo observada por un hombre que no encajaba para nada en aquel local. Envalentonada por la mirada fija de aquel tipo se deleitó en el sabor de la sal que iba arrastrando muy poquito a poco con la lengua. Luego tomó el vaso de chupito y, guiñándole un ojo al desconocido, se lo bebió de un trago. Luego atacó al limón sacándole todo el jugo, en sus labios entreabiertos. El hombre la escaneó con la mirada y ella no tuvo más remedio que hacer lo propio. Bajó hasta los zapatos negros de piel, luego subió por unos vaqueros desgastados que no estaban ni holgados ni prietos, luego llegó al polo bermellón que se acoplaba a un pecho perfecto y rodeaba unos musculosos brazos. Luego el cuello, la barbilla, los finos labios, la nariz aguileña, los ojos negros y el pelo rizado. Vió como se sentaba en el otro extremo de la barra y pedía un chupito de tequila, y que inmediatamente después de servírselo, el camarero se acercaba a ella con otro chupito. De parte del caballero, le dijo. Mirándose a los ojos, a poco menos de 2 metros  el uno del otro, se lamieron la mano, se pusieron sal, y se la volvieron a lamer extremadamente despacio. Ninguno de los dos cogió el vaso. Estaban amarrados el uno al otro por un hilo invisible. La mujer recordó entonces su imagen nada más salir de la ducha. Aquella noche, delante del espejo, había estudiado su cuerpo sinuoso cubierto con un minúsculo tanga y un sujetador negro. Luego, acariciándose las piernas, le había añadido al conjunto unas medias de rejilla que apenas le llegaban a mitad del muslo. Después se puso los tacones. Ardiente de deseo por su feminidad reencontrada, abrió el maletero en busca de aquel vestido desterrado hace muchos años y se lo puso. Se sonrojó al recordar que había tenido que cambiarse el tanga casi inmediatamente porque su visión la había excitado demasiado.

El hombre, sin apartar la mirada de ella se tragó el licor dibujando una sonrisa, como si hubiera visto la imagen de la mujer recién duchada y cogió el limón. No lo mordió. Sacó la lengua, apenas la puntita y empezó a juguetear con la pulpa, lento al principio y acelerando el ritmo hasta terminar con todo el jugo. Ella no aguanto más y se tragó el tequila de forma apremiante al tiempo que se levantaba con la rodaja de limón en una mano y el bolso en otro. El limón lo puso en la boca de aquel hombre sin intercambiar ninguna palabra. El bolso sobre su entrepierna. Impulsivamente mordió el limón para potenciar el licor mejicano. Pero no lo saboreó debido a la frenética lucha de sus dos lenguas al encontrarse precipitadamente. Un poco turbada, ella intentó retirar el bolso y apartarse de aquel hombre, pero él la agarro la muñeca con autoridad, sin admitir réplicas y la llevó hacia el lugar donde estaba el bolso, bajo él, para que palpase la erección que había conseguido ceñir demasiado los vaqueros.

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EL VESTIDO por Armalite (Relato erótico Nº12)

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on julio 24, 2009 by bodydulce

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EL VESTIDO

Sus ojos color avellana, el pelo negro, liso revoltoso sobre sus hombros. Mi vista se pierde por los vuelos y estampados de su vestido de verano. Preciosas sandalias, la esclava de su tobillo danzaba de un lado a otro; sus hombros, su maravillosa nuca.

Levantas la vista, nuestras miradas se cruzan y siento como esbozas una ligera sonrisa. Mis ojos te persiguen como perros de presa, esquivan transeúntes y si fuera necesario, los atraviesan. Cuanto te alcanzan, aferran tus tobillos con fuerza, ascienden recreándose por tus piernas al delicioso compás que impone tu cadera. Sin prisa, juegan al gato y al ratón con la pequeña cadena que continua dando vueltas presumiendo en su particular tiovivo. Se empapan en los transparentes pliegues del vestido. Atrevidos, buscan cualquier resquicio para continuar jugando a creer que en vez de mis ojos son mis labios los que recorren tu piel.

Mis ávidas pupilas clavan sus uñas en tus nalgas, dejando su huella marcada mientras ascienden acariciando tu espalda. Descansan un momento debajo del pelo, reposando plácidamente sobre tu cuello. Ruedan por tus hombros, muerden con ganas los pequeños tirantes que salen a su encuentro. Pierden el equilibrio, a trompicones lamen tus brazos; en un último intento desesperado se abren camino a través de la palma de tu mano, rozando suavemente la yema de tus dedos.

El juego se congela, te detienes un instante, giras un poco la cabeza y ahora son tus ojos los que me atraviesan. Mi corazón se desboca pidiendo a gritos un poco de tregua. – Joder, eres preciosa. – , pienso mientras tu sonrisa ilumina todo lo que te rodea. Sin previo aviso, un crujido ensordecedor y el cielo se resquebraja. Como suele suceder en verano, con toda su furia una tormenta estalla. Al instante, un relámpago seguido de un trueno deshacen la tranquilidad de la tarde. El suelo vibra, los cristales se estremecen. Ha caído muy cerca del centro comercial en donde mi vista te desnuda a cada paso que das.

Tan pronto las luces se apagan, las de emergencia comienzan a funcionar. La lluvia azota con ganas, pudiéndose notar como repiquetea en cada cristal. Avanzo entre el gentío, perdiéndote en la oscuridad. – Ya es mala suerte que… -, mis pensamientos se interrumpen al notar un cálido contacto, una suave mano que me atrapa. Mi corazón se detiene dulcemente al sentir como tus dedos se entrelazan con los míos. Me conduces a un lugar apartado. El sonido de un pomo al girar me indica que has abierto una puerta que conduce a un pasillo prácticamente consumido por las tinieblas.

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BLAM por Kid Malboro (Relato erótico Nº11)

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on julio 23, 2009 by bodydulce

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BLAM
Ayer a la una de la tarde, agazapado cerca del Hotel Paraíso, esperé con el corazón palpitante verla llegar. A la una y media apareció, muy sexy, muy arreglada; medio mundo giraba la cabeza para seguir sus pasos, y ella aparentaba no enterarse. Así, atravesó la puerta del Paraíso con una sonrisa de sien a sien y la mano derecha aferrada a la mano izquierda de David. Ahora yo, en un acto casi contranatura, entro y salgo de ella. Lo hago por pendejo, por caliente, porque está buenísima, por las escasas oportunidades que se me han concedido en esta vida en materia de mujeres, por una méndiga voluntad de coger como Dios manda (sin preocuparnos por usar condón, sin miedo al embarazo, sin temor a nosotros mismos ni a qué sucederá en adelante), y me dejo arrastrar por la corriente del placer, encapuchando mi cabeza pensante en una total ausencia de ideas, cálculos y sentimientos. El mundo es horrible y absurdo. La esperanza de que haya un sentido detrás de todo ese absurdo, detrás de todo ese horror, sólo podemos conservarla quienes, pese a todo, seguimos cogiendo.

Tal vez se escuchen cláxones, sirenas y silbatos allá afuera, pero aquí adentro la intensidad es tal que no se oye otra cosa que la mezcla de lamentos gozosos y la serie de chasquidos húmedos, a las cuales se une el chirrido de la cama. Buscando nuevas caricias, nuevas sensaciones, en una embriaguez de carne cada vez más impulsiva, con el áspero deseo no sólo de gozar sino el de hacerme gozar, Tania introduce su índice derecho en el abismo negro de mi ano. Lo hunde con una lentitud espantosa, casi sádica, como seguramente David le enseñó a hacerlo. Lo agita dentro de mí, me soba delicadamente el rincón más profundo de mi ser.

Observándome por entre sus largas pestañas con una expresión que es la muestra perfecta de la lujuria (los productores de películas porno matarían por obtener esa expresión), Tania retira aquel dedo y se lo lleva a la boca, lo chupa como si se tratara de mi pene (o del pene de David) y lo dirige hacia su clítoris. Yo le mordisqueo alternativamente ambos lóbulos de las orejas y hago una ventosa con la boca en su boca. Mi boca desciende y se apodera de sus pezones, primero uno, luego el otro, y con la lengua lamo las dos medialunas llenas de los senos.

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UN VERANO EN LA SIERRA por Mentesano (Relato erótico Nº10)

Posted in Concurso de relatos eróticos with tags , on julio 22, 2009 by bodydulce

sexy hortelana

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UN VERANO EN LA SIERRA

La vida de estudiante suele provocar cierta nostalgia cuando pasados los años las arrugas de la frente y el despertador de cada mañana se encargan de recordarnos que hemos crecido, aunque sea como imbéciles que nos repetimos día a día en un mundo monótono, y a veces casi absurdo.

De la vida de estudiante nos quedan las horas muertas, las noches de café y tabaco bajo el flexo, la agonía vital de los exámenes, las juergas que ponían el piso de estudiantes al revés mientras esperábamos que se asomara la mañana a la ventana arañando una piel nueva que de repente había germinado en la cama entre el alcohol barato de garrafón y los porros de hierba.

Y terminamos de estudiar de repente, con una orla repleta de gente que apenas has conocido y con un título bajo el brazo que sólo sirve para pasearlo como a un perro que se va meando de esquina en esquina. Y después a buscar trabajo, sin que nadie te haya avisado de tu papel de carne de cañón, de que tu currículum haya recorrido medio país, decides prepararte unas oposiciones, las que menos dañen a tu cerebro deshecho tras meses de impotencia y frustración, y de entrevistas en las que un señor bien trajeado, que se repite de empresa en empresa con una sonrisa obligada, acaba diciéndote “aunque usted no se ajusta por su falta de experiencia al perfil que actualmente demandamos, le tendremos en cuenta para futuras contrataciones”.

Y yo sin blanca, sin poder permitirme pagar una academia todos los meses y el alquiler del piso en la capital, por lo que decidí, tras hacer la oportuna recolecta familiar, comprarme un temario a distancia, de esos que te venden asegurándote un noventa y nueve por ciento de aprobados y en los que en la publicidad salen sonriendo jóvenes opositores que gracias al material en cuestión habían conseguido el trabajo de sus vidas. Con el temario por lanza con el que enderezar entuertos cual Quijote en paro de nuestros días me fui al cortijo que la familia tenía en  la sierra, aislado del mundanal ruido y aprovechando ese espacio de soledad en donde los minutos parecen horas y las horas, siglos.

La primera semana pasó sin pena y sin gloria, estudiando diez horas diarias y dando paseos para despejar la mente a la orilla del río que recorría sinuoso el valle entre chopos y mimbreras. Pero una mañana, mientras me peleaba con el recurso de alzada y el contencioso administrativo, un todoterreno aparcó en uno de los cortijos más distantes de la aldea y una mujer empezó a descargar maletas y bolsas de plástico de un conocido supermercado. Aquel cortijo llevaba años en venta y sin habitar, por lo que intuí que aquella mujer sería la nueva propietaria. ¡Por lo menos tendré con quien hablar! Me dije, mientras observaba desde la ventana la mudanza.

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